Las bodas del disimulo que esconden la homosexualidad en China
Abr 18

Las bodas del disimulo que esconden la homosexualidad en China

Unos 16 millones de mujeres chinas se han casado con hombres gays, de los que el 90% no ha salido del armario

En un piso de Shanghái, varios jóvenes de entre 20 y 30 años cuchichean y se colocan una pegatina que los numera. Uno de ellos, que forma parte de la organización, trata de poner orden. "Contadnos vuestras historias. ¿Por qué habéis venido al mercado de matrimonios?". El número 15 se presenta: "Hola. Porque tengo que casarme. Mis padres quieren un nieto. Sobre todo mi padre...". Los asistentes le lanzan sonrisas de comprensión y asienten. Ellos son gays. Ellas, lesbianas. Todos se encuentran en una situación similar. Este 'mercado matrimonial' sirve para ponerlos en contacto y que puedan arreglar una unión enfocada a evitar la fuerte presión de sus progenitores. La escena forma parte de 'Dentro del armario', el documental de la directora italiana Sophia Luvara estrenado en el festival DocsBarcelona y que puede verse en la plataforma digital Filmin. La película narra las relaciones de jóvenes de la comunidad LGTB china con sus familias.

El 'xinghun', o matrimonio cooperativo, es una especie de alianza entre gays y lesbianas para dar nietos a sus padres y conseguir que les dejen en paz. Si llegan a un acuerdo, se casarán y tendrán uno o dos hijos por inseminación artificial. Transcurrido un tiempo, lo habitual es que se divorcien. Todo se arregla por contrato: la duración del matrimonio, el número de hijos e incluso las veces que tendrán que asistir a reuniones con la familia política para dejarse ver en un afán de normalidad que cierre la boca de familiares, vecinos y conocidos.

Este tipo de unión es tan popular que ya hay aplicaciones como iHomo, una app para bodas de conveniencia desarrollada por una pareja de lesbianas deseosas de ayudar a otros en su situación. Una solución que consideran la opción menos mala, mejor que engañar a una pareja haciéndose pasar por heterosexuales.

Según un estudio de la Universidad de Qingdao, unos 16 millones de mujeres chinas se han casado con hombres homosexuales, de los cuales el 90% no ha salido del armario, lo que supone el 3% del total de uniones en el país. El número de lesbianas en la misma situación es incierto.

Un estudio de Naciones Unidas indica que proclamar la propia homosexualidad en China supone enfrentarse a serias dificultades. "Si sales del armario te enfrentarás a más abusos y violencia. Reconocer tu sexualidad tiene un alto riesgo aquí", explica la catedrática de la Universidad de Pekín Wu Lijuan. El panorama, sobre todo en cuanto a las relaciones de familia y el trabajo, es complicado para la comunidad LGTB en el país.

Andy es un arquitecto de unos 30 años, tiene un buen trabajo y muchos amigos. Tras pensarlo bastante, decidió salir del armario y contarle a su familia que era gay. Cuando lo recuerda, baja su dulce voz hasta casi un susurro. "Mi padre nunca llora. Pero cuando se lo dije lo hacía sin parar. Luego me llamó por teléfono y me explicó que debía encontrar a una chica lesbiana y casarme con ella. Cuanto antes", le cuenta a una amiga. "Porque no lo ha aceptado... Él entró en el armario cuando tu saliste de él", dice ella. Andy es uno de los protagonistas del documental 'Dentro del armario'.

La presión a la que los padres someten a sus hijos para que les den un nieto es extrema. No hay concesiones. En China la descendencia tiene una suma importancia por la política del hijo único que redujo drásticamente a las familias. Derogada en 2015, ahora es posible tener dos niños, pero la presión para que estos, todavía únicos en la mayoría de los casos, perpetúen la saga se mantiene. Además, las relaciones con los padres son muy distintas a las de los países occidentales. "Allí los progenitores tratan de controlar la vida de sus hijos, que les guardan un tremendo respeto y obediencia", explica Luvara.

Más que como algo relativo al corazón, los jóvenes asumen el matrimonio cooperativo como un trabajo que les toca hacer. La cineasta explica que mientras rodaba el documental vio parejas que llegaban a pasar mucho tiempo juntos, así como otras que concebían un hijo con inseminación artificial y se divorciaban deprisa. Pero explica que resulta duro. No se trata solo de tener un bebé, sino que las familias deben ver cómo los novios pasan tiempo con ellos, comen juntos, disfrutan de las fiestas... Lo normal en una pareja, solo que ellos no tienen ningún vínculo emocional, y tampoco desean sentirlo, con la familia política.

Para las lesbianas, la situación es aún más dura. De ellas se espera que den a luz al menos una vez. No hacerlo es casi una blasfemia en la sociedad china. La mayoría de ocasiones acaban obligadas a casarse. Como en una pesadilla, viven vidas de mentira, obligadas a tener sexo con un marido al que no aman ni desean.

Para conocer las relaciones familiares de Cherry, la lesbiana protagonista de 'Dentro del armario', el equipo se trasladó a la zona costera donde viven sus padres. Aunque siempre les había lanzado indirectas sobre sus preferencias sexuales, no ha salido del armario y se vio en la obligación de aceptar un matrimonio falso. Sin embargo, se ha negado a concebir un bebé. Sus padres siguen presionándola para que les dé un nieto.

De hecho, uno de los momentos más brutales del documental es cuando su madre le sugiere que vaya a comprar un niño al hospital. Lo dice con tranquilidad, como si fuera una práctica habitual. Aquello supuso una amarga sorpresa para Luvara y su equipo. Durante el rodaje no entendían lo que decían porque el traductor no conocía el dialecto local. "Cuando llegó el texto en inglés fue un 'shock'. Ni siquiera sabía si era un delito incluirlo en el filme o si podían acabar en la cárcel. Por suerte, la familia decidió no hacerlo, así que no hubo problema, pero me impresionó la normalidad con la que se asume la compraventa de niños. Incluso el Gobierno lo sabe y organiza campañas para concienciar de que es una práctica ilegal", explica Luvara, que añade: "Y, como se sigue dando mucha más importancia a los varones, en el mercado negro las niñas son más baratas".

En teoría, en las zonas profundas de China del interior o la costa, la situación empeora para el colectivo homosexual. Sin embargo, el rodaje en Shanghái descubrió al equipo que en las grandes ciudades también se piensa que la homosexualidad es una enfermedad. En el documental aparece una escena con un psicólogo que afirma "curarla". Durante el rodaje, Luvara conoció a personas LGTB que habían pasado largas temporadas en hospitales psiquiátricos, recibiendo tratamientos durísimos, medicinas que los mantenían como a zombis e incluso descargas eléctricas que 'ayudaban' en esas curas. "Se cree que tienen una enfermedad mental o que son unos delincuentes", explicaba la directora ejecutiva del centro LGTB de Pekín, Xin Ying, en la presentación del informe de la ONU sobre la situación de esta comunidad en China en 2016. En él se señalaba que solo el 5% de estas personas se atreve a "vivir su diversidad de manera abierta". Aunque piense que la situación está mejorando, Xin Ying reconoce la existencia en el país de más de 90 de las llamadas 'clínicas de conversión' sexual que prometen solucionar la homosexualidad.

El colectivo LGTB está consiguiendo, no obstante, vencer en algunas batallas, como la de Qiu Bai, una estudiante lesbiana que ha logrado que la máxima instancia judicial china, el Alto Tribunal Popular, admita a trámite su denuncia al Ministerio de Educación chino con el fin de que retire algunos libros de texto discriminatorios que enseñan a los estudiantes que la homosexualidad es un "trastorno psicológico". Otros tribunales también han aceptado tratar la discriminación a transexuales o la legalización del matrimonio homosexual. Además, el Gobierno acaba de incorporar al currículo escolar la enseñanza de la diversidad sexual y la identidad de género, otro importante paso adelante.

Mientras, la vida sigue para los protagonistas de 'Dentro del armario'. Cherry vive con su novia en Shanghái y Andy también tiene novio y va a tener un bebé en Estados Unidos con un vientre de alquiler; está al comienzo del proceso. Apenas ha habido cambios para ellos, ya que acordaron que la película nunca se estrenase en China, algo en lo que ponen un cuidado extremo desde la productora. Conseguir que Cherry y Andy aceptaran salir en el documental costó a la directora casi dos años. "Creo que aceptaron porque en el fondo, en su subconsciente, deseaban de algún modo salir del armario y hablar con libertad", explica Sophia Luvara. Esa misma libertad que la sociedad de su país aún les niega.

Fuente El Mundo

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