Premios Oscar 2018: lo mejor y lo peor de la noche

En una ceremonia en la que no sobró la emoción; los momentos más logrados y los más vergonzosos.

Es un clásico. Todos los años, la industria cinematográfica estadounidense se celebra a sí misma con la entrega de los premios Oscar. Este año, la celebración se mantuvo durante toda la noche en un terreno gris, alejada de la emoción y de los discursos encencidos.

Desde octubre del 2017, cuando salieron a la luz las primeras denuncias contra el productor Harvey Weinstein , las voces de varias estrellas comenzaron a hacerse oír. Y todas reclamaban lo mismo: terminar con el machismo que reina en Hollywood desde sus orígenes. La entrega de los Globos de Oro encontró al colectivo de actrices y realizadoras totalmemte consustanciadas con las causas MeToo y Time's Up. Tanto, que todas y cada una de ellas respetaron a rajatabla la consigna de ir vestidas de negro. Pero si en aquella oportunidad muchas y muchos consideraron que no había mucho que festejar, esta noche, la historia fue muy diferente.

Contrario a lo que ocurrió en la entrega de los Globos de Oro la consigna de la Academia fue que durante esta 90° entrega de los premios Oscar el glamour y el clima festivo fueran los grandes protagonistas. Sin embargo, el anfitrión, Jimmy Kimmel aprovechó su monólogo inicial para referirse a todos esos temas que, desde octubre, cambiaron a Hollywood para siempre.

Luego, en una velada crítica a la Academia, que omitió históricamente incluir a las películas de superhéreoes en sus listas de ganadores, Kimmel festejó el éxito obtenido por Mujer Maravilla, la primera de las películas de ese estilo protagonizada por una mujer; y Pantera Negra, cuyo elenco está conformado por afroamericanos.

Más allá de haber aprovechado para llevar a la gran noche de Hollywood un necesario mensaje, el conductor y humorista demostró una vez más que no hay terreno en el que no se mueva con facilidad.

Apenas se habían sentado, pero se vieron obligados a ponerse de pie. Apenas comenzada la ceremonia, hizo su entrada al escenario la legendaria Eva Marie Saint, para presentar la segunda de las ternas: mejor vestuario. Luego de la ovación, la histórica actriz bromeó sobre su propia edad: "Me acabo de dar cuenta de que soy más vieja que la Academia", reveló. La actriz, que trabajó a las órdenes de Alfred Hitcock y Eliza Kazan, entre otros directores, tiene actualmente 93 años.

Luego le llegaría el turno a Rita Moreno, la diosa latina que enamoró a varias generaciones. La actriz de 83 años fue la encargada de presentar a las nominadas a mejor película en idioma extranjero. Visiblemente feliz con el resultado, entre risas, Moreno anunció luego que el vencedor fue era film chileno Una mujer fantástica.

Actores de aquel cine clásico, ídolos actuales, grandes estrellas de carne y hueso, y algunos de las más famosas criaturas del cine de animación compartieron así pintorescos videos que amenizaron la velada y sirvieron para rememorar a algunas de las personalidades, películas y escenas más emblemáticas del séptimo arte.

Ashley Judd , Annabella Sciorra y Salma Hayek - tres de las víctimas de Weinstein- fueron las encargadas de presentar otro clip que emocionó a los presentes y que, a través de imágenes y testimonios, dio cuenta de los grandes cambios que fue transitando Hollywood en cuanto a la representación de las minorías. Antes, las tres hicieron la única referencia de la noche al movimiento Time's Up. "El poderoso sonido de voces, nuestras voces, unidas en un poderoso coro que dice 'se acabó'", recordó Judd y su amiga tomó la posta: "Saludamos a esos espíritus imparables que patearon traseros".

En una noche en la que primó la seriedad y la emoción decidió aparecer sólo en pequeñas dosis, dos mujeres hicieron la gran diferencia. Con los zapatos en sus manos, Tiffany Haddish y Maya Rudolph fueron las encargadas de poner en escena un celebrado paso de comedia "Estamos contentas pero nos duelen los pies", comenzaron. "Hace un tiempo nos quejábamos que los Oscar eran demasiado blancos, y ahora quizás les parezca que son demasiado negros", ironizó Haddish.

Cuando la ceremonia estaba por terminar, dos grandes actrices salieron a escena: Jodie Foster y Jennifer Lawrence . Las dos, luego de acusar en chiste a Meryl Streep de romperles la pierna a lo Tonya Harding, (el personaje por el que fue nominada Margot Robbie ), presentaron a las candidatas a mejor actriz.

Luego, se viviría uno de los momentos más emotivos de la noche, cuando la ganadora, Frances McDormand , hizo poner de pie a todas las nominadas mujeres presentes en la sala y aseguró que todas ellas tenían buenas historias para contar. "Sólo voy a decirles dos palabras: inclusion rider", dijo en referencia al concepto de "cláusula de inclusión" al que muchos artistas están adhiriendo públicamente y que implica poner en sus contratos laborales la condición de que se ofrezca igualdad de oportunidades y salarios sin distinción de raza o género. Con este discurso McDorman se consagró no solo como una de las grandes ganadoras de la noche sino como la figura de mayor influencia de la ceremonia.

Las presentaciones en vivo de los intérpretes de las canciones nominadas sirvió, históricamente, para amenizar la ceremonia. También era una manera de brindarle al público la oportunidad de escuchar en vivo a algunas de las mejores voces de la escena musical. Con el correr del tiempo, ese momento festejado comenzó a convertirse en uno de los que genera más tensión en los televidentes. Y no es precisamente por la buena calidad interpretativa, sino por la magnitud de las desafinaciones.

Este año, no fue la excepción. Primero, Mary J. Blige interpretó "Mighty river" ( Mudbound: el color de la guerra) y luego Gael García Bernal hizo lo que pudo con "Remember Me" ( Coco). Y los dos dejaron en claro que en la gran noche de Hollywood el éxito no está asegurado.

Por suerte, para los oídos de todos los millones de televidentes que siguieron atentamente las alternativas de la ceremonia desde sus casas, llegó al escenario Andra Day, quien junto a Common, interpretó "Stand up for something", de la película Marshall.

Fuente La Nación